7 Instrumentos Musicales Rarísimos que Seguro No Conocías

Mientras sentidoradio.com te cuenta por enésima vez qué instrumento tocaba tal batería en tal gira, aquí en La Peor Radio vamos a hablar de máquinas de hacer ruido que ni siquiera sabías que existían. Nada de guitarras, nada de baterías, nada de lo de siempre. Vamos a bucear en el lado más raro, friki y genuinamente alucinante de la organología: instrumentos que suenan a ciencia ficción, a secta o a broma pesada, pero que son completamente reales, documentados y, en algunos casos, hasta te los puedes comprar.

Esto no es una lista de curiosidades de segunda mano copiadas de la Wikipedia y maquilladas con emojis. Hemos investigado cada instrumento, comprobado su historia y verificado quién lo inventó, cómo funciona y quién lo ha tocado. Si buscas el típico artículo blando de «instrumentos curiosos» que ya has leído mil veces en happyfm.com, puedes cerrar esta pestaña. Si quieres saber por qué un físico soviético acabó espiando para el KGB gracias a un instrumento que se toca sin tocarlo, sigue leyendo.

1. El theremín: el instrumento que se toca sin tocarlo (y que casi te cuesta un espía ruso)

Empezamos fuerte. El theremín es probablemente el instrumento más famoso de esta lista y, aun así, la mayoría de la gente solo lo conoce por ese sonido fantasmagórico de las películas de terror de los años 50. Lo inventó el físico ruso León Theremín en 1920, casi por accidente: estaba investigando sensores de movimiento por encargo del gobierno soviético cuando descubrió que el simple hecho de acercar la mano a un campo electromagnético alteraba la frecuencia de un oscilador. En lugar de quedarse solo con una alarma, decidió convertirlo en un instrumento musical.

El resultado es una caja con dos antenas: una controla el tono (la frecuencia) y otra el volumen, y el intérprete mueve las manos en el aire, sin tocar nada físicamente, para «esculpir» el sonido. Es, de hecho, el único instrumento musical del mundo que se toca sin ningún tipo de contacto físico, usando el principio de capacitancia eléctrica del cuerpo humano.

La historia de Theremín tiene un giro digno de película de espías: tras presentar su invento a Lenin en 1922 (que quedó tan fascinado que se puso a practicar con él), el físico acabó viviendo en Estados Unidos, donde se sospecha que trabajó como agente encubierto para la inteligencia soviética antes de ser repatriado a la fuerza a la URSS en 1938. El instrumento sobrevivió a su inventor y hoy sigue fabricándose: si te ha picado el gusanillo, se puede conseguir un theremín Moog Etherwave y liarte a hacer sonidos de ovni en tu salón, para terror de tus vecinos.

Ilustración de un músico tocando un theremín moviendo las manos en el aire junto a dos antenas metálicas

2. El hang drum: el «platillo volante» suizo que nació en el año 2000

Si el theremín parece sacado de una peli de espías soviéticos, el hang drum (también llamado handpan) parece sacado de una nave espacial. Y sin embargo es muchísimo más joven de lo que imaginas: lo crearon Felix Rohner y Sabina Schärer, de la empresa suiza PANArt, en Berna, en el año 2000. Es decir, este instrumento tiene menos años que muchos de los usuarios que ahora mismo están leyendo esto en el móvil.

Su forma recuerda a dos platillos metálicos unidos, como un ovni aplastado, y se toca con las manos golpeando suavemente distintas zonas de la superficie, cada una afinada a una nota diferente. El resultado es un sonido metálico, cálido y envolvente, con un sustain larguísimo, que parece sacado de una meditación new age pero que en realidad nació de la fusión entre el steel drum caribeño y el ghatam, una vasija de barro percutida típica de la India.

La palabra «hang» significa literalmente «mano» en el dialecto suizo-alemán de Berna, aunque se pronuncia más parecido a «jang» que a como lo leerías en español o en inglés. PANArt dejó de fabricar el Hang original en 2013, lo que ha convertido las unidades originales en piezas de coleccionista con precios de escándalo en el mercado de segunda mano, aunque hoy existen decenas de fabricantes de handpans en todo el mundo que continúan la idea.

Primer plano de unas manos tocando un hang drum o handpan metálico con forma de platillo volante

3. La armónica de cristal: el instrumento de Benjamin Franklin que «invocaba espíritus»

Sí, ese Benjamin Franklin, el de los billetes de cien dólares y el experimento de la cometa. En 1761 el científico y político estadounidense terminó de construir la armónica de cristal, inspirado en los músicos ambulantes que hacían sonar copas de vino llenas de agua pasando un dedo mojado por el borde. Franklin llevó esa idea a otro nivel: encargó una serie de cuencos de vidrio de distintos tamaños, montados en un eje horizontal que gira mediante un pedal, de modo que el intérprete solo tiene que rozar el borde de cada cuenco con los dedos húmedos para producir un sonido etéreo y sostenido.

El invento fue un exitazo inmediato en el siglo XVIII. Mozart, Beethoven y Donizetti llegaron a componer piezas específicamente para armónica de cristal, y el propio Franklin llegó a decir que, de todos sus inventos, este era el que más satisfacción personal le había dado.

Pero aquí viene la parte más oscura y con la que en sentidoradio.com jamás te van a enganchar: el sonido agudo y casi hipnótico del instrumento generó un pánico moral tremendo. Circularon rumores de que las vibraciones provocaban ataques de nervios, mareos y hasta la muerte, y tras el fallecimiento de un niño durante una actuación en Alemania, varias ciudades llegaron a prohibir directamente el instrumento, acusándolo de «invocar a los espíritus de los muertos». Franklin, por su parte, tocó la armónica de cristal hasta el final de sus días sin sufrir ninguno de esos males.

Ilustración de una armónica de cristal antigua con cuencos de vidrio giratorios iluminados por velas

4. El hydraulis: el órgano que sonaba con agua 250 años antes de Cristo

Cuando alguien te diga que los instrumentos electrónicos son «la modernidad definitiva», cuéntale esto: el primer instrumento de teclado de la historia funcionaba con agua y tiene más de 2.200 años. El hydraulis, u órgano hidráulico, fue inventado en Grecia en el siglo III antes de Cristo por el ingeniero Ctesibio de Alejandría, y usaba la presión generada por el agua para mantener un flujo de aire constante y estable hacia los tubos sonoros, evitando así las irregularidades de un simple fuelle manual.

El invento se popularizó enormemente durante el Imperio Romano, donde se utilizaba en anfiteatros, circos y espectáculos públicos —incluidos, según las crónicas, algunos combates de gladiadores—, convirtiéndose en el instrumento de feria y espectáculo por excelencia de la Antigüedad. En 1931 se encontraron en Hungría los restos de un hydraulis con una inscripción fechada en el año 228 después de Cristo, lo que ha permitido a los arqueólogos reconstruir réplicas exhibidas hoy en museos como el Aquincum de Budapest.

El sistema hidráulico se mantuvo en uso, en distintas formas, hasta que fue sustituido por completo por los sistemas neumáticos en torno al siglo XIII. Durante el Renacimiento todavía se instalaban órganos de agua en jardines y grutas de palacios, normalmente combinados con autómatas mecánicos para sorprender a las visitas. Once siglos de evolución tecnológica para acabar convertidos en un adorno de jardín de rico: la historia de la música tiene estas cosas.

5. El serpentón: el instrumento con forma de serpiente que sonaba en las iglesias

Visualmente, el serpentón es de lo más desconcertante que te vas a encontrar en esta lista: un tubo cónico de madera, forrado en cuero oscuro, que serpentea sobre sí mismo formando eses, con una boquilla metálica como la de una tuba pero con agujeros laterales como los de una flauta. El resultado visual es, literalmente, una serpiente musical, de ahí su nombre.

Fue inventado en 1590 por un canónigo francés de la localidad de Auxerre llamado Edme Guillaume, con un objetivo muy concreto: reforzar las voces graves de los coros en las iglesias que no disponían de órgano. Durante los siglos XVII y XVIII se convirtió en un elemento habitual de la música sacra, y más tarde también se incorporó a las bandas militares como instrumento de bajo, gracias a su capacidad de proyectar sonido grave al aire libre.

El serpentón cayó en desuso a lo largo del siglo XIX, desplazado por instrumentos de viento metal más modernos y fáciles de afinar, como la tuba o el figle. Pero, como toda buena rareza, tuvo su resurrección: en los años setenta el luthier británico Christopher Monk recuperó su construcción, y el músico de jazz francés Michel Godard lo devolvió a los escenarios en 1979, demostrando que hasta un instrumento de iglesia del siglo XVI puede improvisar jazz si se lo propone.

6. El didgeridoo: 40.000 años de respiración circular en un tronco hueco

Frente a la modernidad del hang drum, el didgeridoo juega en otra liga temporal completamente distinta: se estima que los pueblos aborígenes del norte de Australia lo llevan utilizando desde hace al menos 40.000 años, lo que lo convierte, de largo, en el instrumento más antiguo de todos los que aparecen en este artículo. Nada de patentes, nada de inventores con nombre y apellido: es, sencillamente, tan viejo como la propia cultura aborígen australiana.

Se fabrica tradicionalmente a partir de troncos de eucalipto que las termitas han ahuecado de forma natural durante años, lo que convierte cada instrumento en una pieza irrepetible. Para tocarlo, el intérprete sopla de forma continua utilizando la técnica de la respiración circular: inhala por la nariz mientras sigue expulsando el aire almacenado en las mejillas, logrando así un zumbido grave e ininterrumpido que puede mantenerse, en teoría, durante minutos sin parar.

Más allá de su función musical, el didgeridoo tiene un peso espiritual y ceremonial enorme en la cultura aborígen, usándose en rituales, narraciones y ceremonias de sanación. Y sí, en las últimas décadas se ha colado también en géneros como el ambient, el trance o la música de fusión, demostrando que un tronco hueco con termitas dentro puede tener más futuro que muchos sintetizadores de última generación.

7. El Great Stalacpipe Organ: una cueva entera convertida en instrumento musical

Y para cerrar esta lista con el instrumento más disparatado de todos: el Great Stalacpipe Organ, ubicado en las cuevas de Luray, en Virginia (Estados Unidos), no es un objeto que quepa en una sala de conciertos, sino que es literalmente la cueva entera. Reconocido por el Libro Guinness de los Récords como el instrumento musical más grande del mundo, ocupa una superficie de más de 1,4 hectáreas bajo tierra.

Lo construyó, entre 1954 y 1957, el matemático e ingeniero electrónico Leland W. Sprinkle, que trabajaba en el Pentágono, tras quedar fascinado al escuchar el sonido que producía un guía al golpear una estalactita durante una visita turística. Usando diapasones para identificar las formaciones con el tono más puro, seleccionó y lijó cuidadosamente 37 estalactitas repartidas por toda la cueva hasta afinarlas con precisión.

El sistema funciona mediante una consola electromecánica que activa pequeños macillos de goma accionados por solenoides, que golpean cada estalactita a distancia para producir la nota correspondiente. El resultado: una cueva natural formada durante miles de años que hoy puede interpretar, literal y automáticamente, piezas como el Ave María o villancicos para los turistas. Si alguna vez te preguntaste hasta dónde puede llegar la obsesión de un ingeniero aburrido, ahí tienes la respuesta.

Instrumentos raros, la misma actitud de siempre

Ahí tienes siete máquinas de hacer ruido que demuestran que la música no empieza ni termina en una guitarra eléctrica y una batería. Desde un físico soviético jugando con campos electromagnéticos hasta un ingeniero del Pentágono convirtiendo una cueva en un órgano gigante, la historia de la música está llena de gente rara haciendo cosas raras, que es exactamente el espíritu que nos gusta destacar por aquí. Si te ha gustado bucear en lo insólito de la industria musical, no te pierdas tampoco estas 7 curiosidades de la industria musical que no te cuentan (y te van a cabrear), porque la rareza no se acaba en los instrumentos: también está en cómo se mueve el dinero detrás de cada nota que escuchas en la radio convencional.

Mientras las radios de siempre siguen poniendo la misma lista de 40 canciones en bucle, aquí en La Peor Radio preferimos quedarnos con la serpiente de madera, el ovni suizo y la cueva que toca el Ave María. Que cada uno elija su bando.

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