En La Peor Radio llevamos años diciendo que la música es el arte más honesto que existe… hasta que llegan los abogados. Porque resulta que muchas de las canciones que consideras sagradas, esas que te sabes de memoria desde los doce años, han pasado por un tribunal. Y no por casualidad: plagio musical es una de las acusaciones más comunes (y más caras) de la industria. A veces el jurado dice que sí, a veces dice que no, y a veces el propio artista prefiere pagar antes de que un juez decida por él. Aquí tienes nueve casos reales, con sentencia real, sin inventarnos ni una cifra.
1. «Blurred Lines» de Robin Thicke y Pharrell Williams vs. «Got to Give It Up» de Marvin Gaye
El caso que cambió las reglas del juego. En 2013, la familia de Marvin Gaye denunció que «Blurred Lines» copiaba el «groove», la atmósfera y el feeling general de «Got to Give It Up» (1977), aunque no compartiera notas ni letra de forma literal. Ese matiz es clave: no se acusaba de copiar una melodía, sino una sensación.
El jurado de Los Ángeles falló en marzo de 2015 a favor de la familia Gaye. La sentencia inicial fijó una indemnización de 7,3 millones de dólares, que un juez redujo después a 5,3 millones más el 50% de las regalías futuras de la canción. Robin Thicke y Pharrell Williams recurrieron, pero en 2018 el Tribunal de Apelaciones del Noveno Circuito confirmó el fallo por 2 votos a 1. El caso final se cerró en 2019 con daños ajustados a 4,98 millones de dólares más intereses. Muchos compositores y productores criticaron la sentencia por sentar un precedente peligroso: si se puede demandar por «vibra» y no por notas, ¿dónde está el límite?

2. «My Sweet Lord» de George Harrison vs. «He’s So Fine» de The Chiffons
El ex-Beatle George Harrison lanzó «My Sweet Lord» en 1970 como single de su álbum «All Things Must Pass», y se convirtió en un éxito enorme. El problema: la melodía era prácticamente idéntica a «He’s So Fine», el hit de 1963 de las Chiffons, escrito por Ronald Mack.
El caso llegó a los tribunales de Nueva York y, en 1976, el juez Richard Owen dictaminó que Harrison había plagiado la canción, aunque de forma «subconsciente»: no creyó que lo hubiera hecho a propósito, pero legalmente daba igual. «Es perfectamente obvio para cualquier oyente que, en términos musicales, ambas canciones son prácticamente idénticas», escribió el juez en su sentencia. En 1981 se fijó la indemnización final en 587.000 dólares. Harrison, años después, reconoció en su autobiografía que nunca fue consciente del parecido mientras componía. El caso se convirtió en un precedente histórico sobre el «plagio inconsciente», un concepto que sigue citándose en juicios similares.
3. «Stairway to Heaven» de Led Zeppelin vs. «Taurus» de Spirit
Uno de los pocos casos de esta lista en el que el acusado ganó limpiamente. En 2014, el patrimonio del músico Randy California (guitarrista de la banda Spirit, fallecido en 1997) demandó a Led Zeppelin alegando que la icónica introducción de guitarra de «Stairway to Heaven» (1971) copiaba la progresión de acordes de «Taurus» (1968), un instrumental de Spirit. Ambas bandas habían coincidido de gira antes de que Led Zeppelin grabara su tema, lo que alimentaba la sospecha de que Jimmy Page conocía la canción.
El juicio se celebró en 2016 y el jurado falló a favor de Led Zeppelin: consideró que, aunque la banda pudo tener acceso a «Taurus», las composiciones no eran lo bastante similares como para constituir plagio. El caso fue apelado y, en 2020, el Tribunal de Apelaciones del Noveno Circuito confirmó la victoria de Led Zeppelin de forma definitiva. La sentencia tuvo además una consecuencia legal enorme: anuló la llamada «regla de la ratio inversa» (cuanto más acceso, menos similitud hace falta para probar plagio), que había complicado la vida a cientos de músicos acusados injustamente.
4. «Dark Horse» de Katy Perry vs. «Joyful Noise» de Flame
Un caso con un giro final poco habitual. El rapero cristiano Marcus Gray (conocido como Flame) demandó a Katy Perry alegando que el «ostinato» —el patrón de ocho notas repetitivo— de «Dark Horse» (2013) copiaba el de su tema «Joyful Noise» (2008). En 2019, un jurado de Los Ángeles dio la razón a Flame y condenó a Katy Perry y su equipo a pagar 2,8 millones de dólares.
Pero la historia no terminó ahí. Un año después, en 2020, el juez del caso anuló el veredicto del jurado, alegando que ese patrón de ocho notas era demasiado simple y común como para merecer protección de derechos de autor: le faltaba lo que la ley llama «quantum de originalidad». En marzo de 2022, el Tribunal de Apelaciones del Noveno Circuito confirmó la anulación. Fue una de las pocas veces en la historia reciente en que un veredicto de un jurado por plagio musical fue completamente revertido, y sentó un precedente importante: no todo lo que suena parecido es, legalmente, robo.

5. «Shape of You» de Ed Sheeran vs. «Oh Why» de Sami Chokri
Ed Sheeran es uno de los artistas más denunciados por plagio de la última década, pero en este caso fue él quien llevó la iniciativa: pidió a un tribunal británico que declarara que no había copiado nada, después de que Sami Chokri (conocido artísticamente como Sami Switch) alegara que el estribillo «Oh I, Oh I, Oh I» de «Shape of You» (2017) era calcado a la frase «Oh why, Oh why, Oh why» de su canción «Oh Why» (2015).
En abril de 2022, el Tribunal Superior de Londres falló a favor de Ed Sheeran. El juez Antony Zacaroli concluyó que Sheeran «ni deliberada ni subconscientemente» copió la frase, y que existían suficientes diferencias entre ambas partes de las canciones como para probar que el «Oh I» de Sheeran venía de otras fuentes. Como consecuencia, Sheeran y sus coautores recibieron un pago de más de 1,1 millones de libras (unos 1,3 millones de dólares) en concepto de costas legales por parte de los demandantes.
6. «Ice Ice Baby» de Vanilla Ice vs. «Under Pressure» de Queen y David Bowie
Puede que sea el caso más descarado de esta lista. En 1990, Vanilla Ice lanzó «Ice Ice Baby», que se convirtió en el primer single de hip-hop en llegar al número uno del Billboard Hot 100. El problema era evidente para cualquiera con oído: la línea de bajo era la de «Under Pressure» (1981) de Queen y David Bowie, nota por nota.
Vanilla Ice llegó a defenderse públicamente diciendo que había añadido una nota extra al final del riff, así que «técnicamente» era una línea de bajo distinta. El argumento no convenció a nadie, y mucho menos a los abogados de Queen y Bowie, que amenazaron con una demanda formal. Antes de llegar a juicio, las partes llegaron a un acuerdo privado: Vanilla Ice pagó 4 millones de dólares y cedió créditos de composición a Bowie, Mercury, May, Taylor y Deacon. Con los años, Vanilla Ice reconoció que ese pago fue, en realidad, la compra de los derechos de publicación de «Under Pressure», algo que —según él— le salió más barato que seguir pagando royalties de por vida.
7. «Stay With Me» de Sam Smith vs. «I Won’t Back Down» de Tom Petty
Un plagio «sin mala fe» que terminó arreglándose fuera de los tribunales. Cuando Sam Smith publicó «Stay With Me» en 2014, los editores de Tom Petty notaron enseguida el parecido melódico con «I Won’t Back Down» (1989), la canción que Petty compuso junto a Jeff Lynne (de Electric Light Orchestra).
En lugar de ir a juicio, ambas partes llegaron a un acuerdo en enero de 2015: Tom Petty y Jeff Lynne pasaron a figurar como coautores de «Stay With Me», con un 12,5% de crédito de composición cada uno. Petty, lejos de mostrarse resentido, declaró públicamente que no creía que Smith lo hubiera hecho a propósito: «Todos mis años escribiendo canciones me han enseñado que estas cosas pasan. La mayoría de las veces lo detectas antes de que salga del estudio, pero en este caso se escapó». Por cierto: como consecuencia del acuerdo, Petty y Lynne quedaron fuera de la carrera por el Grammy a la Canción del Año, ya que solo se puede nominar a los autores originales acreditados desde el lanzamiento.

8. «Creep» de Radiohead vs. «The Air That I Breathe» de The Hollies
Un caso con una ironía deliciosa. Cuando Radiohead publicó «Creep» en 1992, los compositores Albert Hammond y Mike Hazlewood —autores de «The Air That I Breathe» (1974), popularizada por The Hollies— identificaron una similitud clara en la progresión de acordes y la melodía del estribillo.
Tras la disputa legal, Hammond y Hazlewood terminaron acreditados como coautores de «Creep», con el correspondiente reparto de regalías. Lo curioso es que la historia se repitió años después, en 2018, cuando Radiohead acusó a Lana Del Rey de plagiar «Creep» en su canción «Get Free» (del álbum «Lust for Life»). Del Rey llegó a tuitear que Radiohead pedía el 100% de las regalías de publicación y que ella había ofrecido hasta un 40% para cerrar el asunto. El caso terminó en acuerdo privado, con créditos de coautoría para los miembros de Radiohead… la misma banda que, en su día, tuvo que ceder crédito por el mismo tema.
9. «Down Under» de Men at Work vs. «Kookaburra Sits in the Old Gum Tree»
El caso más inesperado de la lista, porque el tema «robado» no era ni siquiera una canción pop, sino una cancioncilla infantil australiana de 1934. En 2007, un programa de la televisión australiana emitió un concurso musical en el que se señaló el parecido entre el riff de flauta de «Down Under» (el mega-hit de Men at Work de 1981) y la melodía de «Kookaburra Sits in the Old Gum Tree», compuesta por Marion Sinclair.
Larrikin Music, la editorial que poseía los derechos de «Kookaburra», demandó a Men at Work. En febrero de 2010, el Tribunal Federal de Australia falló que, efectivamademente, dos compases de «Kookaburra» habían sido reproducidos en el riff de flauta de «Down Under». El tribunal concedió a Larrikin Music el 5% de las regalías de «Down Under» generadas desde 2002 en adelante, y la sentencia fue confirmada en apelación en 2011. El flautista de la banda, Greg Ham, declaró públicamente que el caso le afectó profundamente hasta su muerte en 2012. Una prueba más de que hasta la melodía más inocente de tu infancia puede acabar en un tribunal cuarenta años después.
Entonces, ¿dónde está la línea entre inspirar e inspirarse demasiado?
Como puedes ver, no hay una regla fija. A veces basta una «vibra» parecida para perder un juicio (Blurred Lines), y otras veces ocho notas casi idénticas no son delito (Dark Horse). La industria musical lleva más de medio siglo tropezando con la misma piedra: toda canción nueva nace, en mayor o menor medida, de las que la precedieron. La diferencia entre «influencia» y «plagio» a veces la decide un jurado de doce personas que jamás habían escuchado death metal ni trap antes de sentarse en esa sala.
Si te ha gustado desenterrar los trapos sucios de la industria musical, no te pierdas nuestro repaso a 9 bandas que se odiaban a muerte (y aun así hicieron historia juntas): porque, al parecer, en la música el rencor y el talento van siempre de la mano.






