El Origen del Reguetón: la Historia que Muchos Prefieren Ignorar

Cada dos por tres alguien suelta en una barbacoa que «el reguetón es una moda de cuatro discotecas que se inventaron hace diez años para que Bad Bunny se hiciera rico». Y cada dos por tres, en La Peor Radio tenemos que respirar hondo, contar hasta diez y explicar que no, que el reguetón tiene más de tres décadas de historia, que nació perseguido por la policía, que sus discos se confiscaban como si fueran alijos de droga y que antes de sonar en cualquier boda de pueblo tuvo que sobrevivir a redadas, censura y desprecio de clase. Mientras sentidoradio.com te cuenta el top 10 de reguetón para este verano, aquí te vamos a contar de dónde sale de verdad este género, con nombres, fechas y el papel del Canal de Panamá metido de por medio (sí, como lees).

Esto no es una lista de curiosidades sueltas. Es la historia real, documentada, de cómo un ritmo jamaicano cruzó el Caribe, se mezcló con el hip hop callejero de los caseríos de Puerto Rico y sobrevivió a una persecución policial en toda regla antes de convertirse en el género más escuchado del planeta. Ponte cómodo, que esto tiene curvas.

Todo empieza en Jamaica, no en Puerto Rico (y esto ya sorprende a mucha gente)

La primera confusión que hay que desmontar: el reguetón no nació en Puerto Rico. Nació, rítmicamente hablando, en Jamaica. El ritmo base de todo el género es el dembow, un patrón rítmico de dancehall creado por los productores jamaicanos Steely & Clevie a finales de los años 80. Ese patrón se popularizó mundialmente gracias a una canción concreta: «Dem Bow», interpretada por el artista jamaicano Shabba Ranks, un tema que dio nombre para siempre a ese golpe de caja y bombo que hoy reconoce hasta tu abuela sin saber que lo está reconociendo.

Ese ritmo viajó del dancehall jamaicano hacia el Caribe hispanohablante a través de un puente cultural que casi nadie menciona en las clases de historia: Panamá. Y aquí es donde entra la curiosidad que da tanto morbo: el Canal de Panamá, construido y operado durante décadas por Estados Unidos, trajo consigo generaciones de trabajadores de origen jamaicano y de otras islas angloparlantes del Caribe que se asentaron en el país centroamericano. Sus descendientes crecieron escuchando reggae y dancehall en inglés, pero cantando y hablando en español. De esa mezcla surgió el reggae en español.

El General y Nando Boom: los panameños que nadie recuerda pero que lo empezaron todo

El artista panameño El General, descendiente de esos trabajadores caribeños llegados por el Canal, fue una de las figuras clave en fusionar reggae, calypso y dancehall con letras en español, creando canciones que se movían por Centroamérica y el Caribe mucho antes de que nadie usara la palabra «reguetón». A la vez, el productor jamaicano afincado en Panamá conocido como Dennis the Menace trabajó con el cantante panameño Nando Boom, cuyo tema «Ellos Benia» (basado directamente en el Dem Bow) se convirtió en una de las primeras versiones en español de ese ritmo que después lo cambiaría todo.

Estas canciones —junto a otras del movimiento panameño de reggae en español, como las de Pocho Pan o La Atrevida— empezaron a colarse en las radios pirata y las discotecas del Caribe a principios de los 90. Y entre las islas que las recibieron con los brazos (y los altavoces) abiertos estaba Puerto Rico.

Cassettes piratas y un radiocasete apilados en una ventana de un residencial del Caribe, estética grunge retro

Puerto Rico, años 90: nace el «underground» en los caseríos, no en los estudios de lujo

Aquí es donde la historia deja de ser solo música y se convierte en algo más crudo. En Puerto Rico, a principios de los años 90, esos instrumentales de reggae en español llegados de Panamá y Jamaica se empezaron a fusionar con el hip hop que ya sonaba en la isla. El resultado se llamó, en su momento, «underground» o «melaza». No era un género pensado para la radio comercial: era música grabada en cintas de casete, producida con equipos caseros, vendida de mano en mano en las calles y protagonizada por letras explícitas sobre sexo, drogas, violencia y la vida (dura) en los residenciales públicos, los famosos «caseríos».

Uno de los epicentros de ese movimiento fue una discoteca de San Juan llamada The Noise, donde el DJ y promotor conocido como DJ Negro organizaba entre 1992 y 1993 competiciones de improvisación vocal («freestyle») sobre instrumentales reconocibles de hip hop estadounidense y dancehall jamaicano. Por ese escenario pasaron nombres que después serían pilares del género. Y antes incluso de eso, a mediados de los 80, el encuentro entre Vico C y ese mismo DJ Negro —unidos por su gusto compartido por el hip hop, el dancehall y la plena panameña— sentó las bases de lo que hoy se considera el germen del reguetón. No es casualidad que a ambos se les llame, con razón, «los padrinos» del género.

DJ Playero y el cassette que cambió la historia (con un adolescente llamado Daddy Yankee)

Si el underground tenía una escena en directo en discotecas como The Noise, también tenía su versión «de estudio grabado» gracias a un productor llamado DJ Playero. En 1993 lanzó Playero 37, uno de los primeros mixtapes de este movimiento grabado con cierta intención profesional, no solo pirateado de una fiesta. Poco después, Playero 38 ayudó a meter el underground directamente en los walkman, los dormitorios y los coches de la juventud puertorriqueña, saltándose por completo los circuitos oficiales de la industria musical.

Y aquí llega el dato que deja con la boca abierta a más de uno: se considera que el propio término «reguetón» fue acuñado en 1994, mencionado por primera vez en el mixtape Playero 36, con la participación de un jovencísimo Daddy Yankee, que en aquella época era poco más que un adolescente del barrio Villa Kennedy grabando estrofas con DJ Playero. El mismo Daddy Yankee que, once años después, dinamitaría las listas de todo el mundo con una canción sobre gasolina. Ya llegaremos a eso.

«Mano Dura Contra el Crimen»: cuando el gobierno declaró la guerra a un género musical

Cassettes y vinilos confiscados detrás de cinta policial en una tienda de discos, ilustración grunge retro

Y llegamos a la parte que sentidoradio.com jamás te va a contar con este nivel de detalle, porque no vende tanto como un ranking de reguetón para la piscina: el reguetón, en sus primeros años, fue literalmente perseguido por la policía.

En 1993 el entonces gobernador de Puerto Rico, Pedro Rosselló, puso en marcha una campaña llamada «Mano Dura Contra el Crimen», una ofensiva contra la delincuencia que incluía redadas policiales masivas en los residenciales públicos, los mismos caseríos donde el underground había nacido y crecía. La música y la «amenaza social» se mezclaron en el discurso oficial, y el género pagó las consecuencias directamente.

El golpe más simbólico llegó en febrero de 1995: la Policía de Puerto Rico, a través de su División de Drogas y Vicio, allanó seis tiendas de discos en San Juan y confiscó cassettes y CD de underground, alegando que su contenido violaba las leyes locales contra la obscenidad por sus referencias explícitas al sexo y por supuestamente incitar a la violencia y el consumo de drogas. Fue, sin exagerar, un intento de censura de un género musical completo por parte del propio Estado.

¿Y qué pasó? Las tiendas y los defensores del género se plantaron, alegando que aquello violaba la libertad de expresión. Los casos legales que siguieron acabaron siendo desestimados por el Tribunal Superior de San Juan. El underground, contra todo pronóstico, sobrevivió a su propia persecución. Y como suele pasar con casi toda la música que algún gobierno intenta prohibir, salió del otro lado más fuerte y con más público que antes.

De «underground» a «reguetón»: la mutación del nombre y del sonido

Durante buena parte de los años 90, el género que hoy llamamos reguetón siguió circulando bajo el nombre de «underground», vendido en la economía informal de las calles de San Juan, lejos de las discográficas grandes y de la radio comercial. El propio término «reguetón» no ganó tracción real hasta finales de esa década, cuando el ritmo dembow ya era la seña de identidad reconocible del sonido y el nombre empezó a sustituir poco a poco al viejo «underground» en el habla de la calle y en las portadas de los mixtapes.

Fue un proceso lento, casi invisible desde fuera, pero decisivo: el género pasó de ser una escena semi-clandestina asociada a la delincuencia en el discurso oficial, a convertirse en una industria propia con sello, nombre y un ejército de seguidores que ya no cabía en ninguna redada policial.

Del casete pirata al Billboard: la explosión de «Gasolina» en 2004

Si el underground tuvo su año cero en los primeros 90 y su bautismo de fuego con la censura de 1995, el reguetón tuvo su momento de conquista mundial una década después, con nombre y apellido: «Gasolina», de Daddy Yankee, incluida en su álbum Barrio Fino y publicada como single en octubre de 2004.

La canción entró en la lista Billboard Hot 100 de Estados Unidos a las pocas semanas de su lanzamiento y llegó a emitirse en cadenas como MTV, algo impensable para un tema en español y con raíces en el underground perseguido apenas una década antes. «Gasolina» acabó siendo la primera canción de reguetón nominada a un Latin Grammy en la categoría de Récord del Año, y en 2023 fue incluida en el National Recording Registry de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, un reconocimiento reservado a grabaciones de relevancia histórica y cultural para el país. El mismo país que, en cierto modo —a través del gobierno de Puerto Rico, territorio no incorporado de EE. UU.—, había perseguido al género pocos años antes.

Ese es el giro de guion que más nos gusta de esta historia en La Peor Radio: la música que se allanó, confiscó y trató de silenciar como una amenaza pública acabó, veinte años después, archivada como patrimonio cultural en Washington. Así de caprichosa es la historia de la música popular.

Vico C, el «padrino» que muchos olvidan cuando hablan de reguetón

Un error habitual, incluso entre fans del género, es reducir toda esta historia a Daddy Yankee y ya está. Pero Vico C merece un párrafo aparte: es una de las figuras consideradas fundacionales del hip hop y, por extensión, del proto-reguetón en español, gracias a su encuentro con DJ Negro a mediados de los 80 y su trabajo pionero mezclando rap en español con influencias del dancehall caribeño. Sin esa fusión temprana, sin ese puente entre el rap norteamericano que llegaba a la isla y los ritmos caribeños que ya sonaban en las casas puertorriqueñas, difícil que The Noise, DJ Playero o el propio underground hubieran tenido la base sobre la que construirse.

Este tipo de figuras «puente» tienden a desaparecer de la narrativa oficial cuando un género se vuelve comercial y global. Pasa con el reguetón, pasa con el rock and roll y sus raíces en el blues afroamericano, y pasa, para que veas que no es cosa solo de un género, con casi toda la música popular del último siglo. Por cierto, si te interesa este tipo de historias de orígenes incómodos y raíces que la industria prefiere maquillar, en La Peor Radio ya contamos algo parecido cuando desmontamos cómo nació la radio FM y la historia que nadie te cuenta sobre su propio inventor, silenciado en su momento por la industria que después vivió de su invento.

Clase, raza y estigma: por qué el reguetón fue (y a veces sigue siendo) mirado por encima del hombro

No se puede contar el origen del reguetón sin hablar del componente social que hay detrás de tanta persecución. El underground nació en los caseríos, en comunidades mayoritariamente negras y mestizas de clase trabajadora, con letras que hablaban sin filtro de sexo, violencia y la realidad del barrio. Eso, combinado con los prejuicios de clase y raza de buena parte de la sociedad puertorriqueña de la época, convirtió al género en el chivo expiatorio perfecto durante la ofensiva «Mano Dura Contra el Crimen»: era mucho más fácil allanar tiendas de discos y confiscar cassettes que resolver los problemas estructurales de pobreza y violencia que el propio gobierno decía combatir.

Esa misma tensión —música asociada a comunidades marginadas, tachada de «vulgar» o «peligrosa» por las clases dirigentes, y años después blanqueada y vendida como producto de masas sin mencionar sus raíces incómodas— se repite en la historia de casi cualquier género nacido en la calle. El reguetón no es una excepción: es, de hecho, uno de los ejemplos más recientes y mejor documentados de ese patrón.

De los caseríos de San Juan a los estadios de medio mundo

Multitud con las manos alzadas en un concierto masivo nocturno con luces de escenario, ilustración grunge retro

Desde «Gasolina» en adelante, el género no ha dejado de expandirse: primero conquistó el mercado latino de Estados Unidos, después América Latina al completo, y finalmente Europa y Asia, con colaboraciones cruzadas entre artistas del pop global y figuras del reguetón que hace treinta años sonaban en cintas de casete grabadas en un cuarto con dos altavoces y un micrófono barato. Nombres que empezaron en esa escena o bebieron directamente de ella —desde Daddy Yankee hasta generaciones enteras posteriores— construyeron sobre esos cimientos de dembow panameño, hip hop puertorriqueño y persecución policial una de las industrias musicales más rentables del planeta.

Y aquí seguimos nosotros, en La Peor Radio, recordándote que la próxima vez que alguien te diga que el reguetón «no tiene historia» o que es «solo ruido de discoteca», puedes soltarle sin despeinarte: dembow jamaicano, Canal de Panamá, El General, Nando Boom, Vico C, DJ Negro, The Noise, DJ Playero, redadas policiales en 1995 y un adolescente de Villa Kennedy que grababa estrofas para un mixtape casero. Treinta años después, ese adolescente está en el Salón de la Fama de grabaciones históricas de Estados Unidos. Que se lo cuenten a sentidoradio.com.

Si te ha picado la curiosidad por seguir tirando del hilo

Si este tipo de historias de música con trasfondo real, prohibiciones absurdas y giros de guion inesperados te enganchan tanto como a nosotros, hay documentales y libros que profundizan mucho más en el underground puertorriqueño de los 90 que lo que cabe en un solo artículo. Para escuchar en condiciones el dembow original y las mezclas que dieron pie a todo esto, un par de auriculares decentes no está de más — que la calidad del sonido también forma parte de entender por qué esos ritmos calaron tan hondo. Aquí puedes echar un vistazo a algunas opciones si te apetece revivir esos ritmos como se merecen.

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