8 Curiosidades sobre Boy Bands que No Sabías (y Te Van a Sorprender)

Mientras sentidoradio.com te vende a las boy bands como si fueran un cuento de hadas de coreografías sincronizadas y sonrisas perfectas, aquí en La Peor Radio vamos a contarte la verdad incómoda: la mayoría de esos grupos que te hicieron llorar en la adolescencia nacieron de un casting frío, un contrato leonero y, en más de un caso, de un estafador convicto. Nada de magia. Puro negocio, a veces sucio, a veces genial, casi siempre despiadado.

Aquí van ocho (bueno, en realidad más, porque no sabemos parar) curiosidades reales y verificadas sobre las boy bands que marcaron generaciones enteras. Sin inventos, sin rumores de foro: hechos que puedes comprobar y que probablemente no sabías.

Silueta de boy band actuando en un escenario con luces, estilo grunge retro

1. Backstreet Boys y NSYNC fueron creados por el mismo hombre… para competir entre sí

Esta es la curiosidad que más rabia da cuando la entiendes bien. Lou Pearlman, un empresario de Orlando, fundó y financió a los Backstreet Boys en 1993. Cuando el grupo empezó a petar en Europa y Asia, Pearlman hizo algo que ningún mánager decente haría: creó una segunda boy band, NSYNC, con la misma fórmula, el mismo equipo de producción y, básicamente, para competir directamente con su primer grupo.

Lo más fuerte no es solo que los creara a los dos, sino que alimentó activamente la rivalidad entre ambos. Lance Bass, de NSYNC, lo ha contado sin rodeos: Pearlman les decía a los Backstreet Boys cosas negativas sobre NSYNC, y a NSYNC cosas negativas sobre los Backstreet Boys, inventando historias de divismo que ni siquiera eran ciertas. «Lo que nos contaba Lou funcionaba como un encanto. Nos puso el uno contra el otro y así seguimos toda nuestra carrera», reconoció Bass años después.

En 1995, Pearlman incluso le enseñó a Kevin Richardson, de los Backstreet Boys, una cinta VHS con las primeras actuaciones de NSYNC para meterle presión. Richardson lo describió como «casi una traición». Mientras sentidoradio.com te habla de «la eterna rivalidad musical de los 90», la realidad es mucho menos romántica: era un señor de negocios jugando al ajedrez con las carreras de diez adolescentes.

2. El contrato de Lou Pearlman era tan abusivo que acabó en la cárcel por otra estafa mayor

Si lo de fabricar dos bandas rivales te parece turbio, espera a esto. Durante años, Pearlman pagó a los miembros de los Backstreet Boys una miseria comparado con lo que generaban. Según las demandas que el propio grupo presentó, habían recibido solo 300.000 dólares entre todos desde 1993, mientras que Pearlman se había embolsado unos 10 millones de dólares de las ganancias del grupo. Haz la cuenta: eso es aproximadamente 12.000 dólares al año por integrante, para un grupo que llenaba estadios en medio mundo.

NSYNC no lo tuvo mejor. Justin Timberlake y compañía llegaron a cobrar un per diem de apenas 35 dólares al día mientras la banda facturaba cifras millonarias. Todos los grupos gestionados por Pearlman, excepto dos (US5 y Marshall Dyllon), acabaron demandándolo por fraude y tergiversación de contratos.

La cosa no quedó en litigios internos. En 2006 se destapó que Pearlman llevaba décadas dirigiendo lo que en su momento se consideró uno de los esquemas Ponzi más largos de la historia de Estados Unidos, con más de 1.000 millones de dólares defraudados a inversores (de los cuales unos 300 millones seguían sin aparecer en 2008). En 2008 fue condenado a 25 años de prisión y murió en una cárcel federal en 2016. Así que no, no era solo un mánager duro: era, literalmente, un estafador profesional que usó a dos de las boy bands más grandes de la historia como escaparate para atraer más víctimas a su fraude.

Backstreet Boys y NSYNC terminaron comprando su libertad contractual a Pearlman por un acuerdo conjunto de 64 millones de dólares. Ese es el precio real de «hacerte famoso»: pagar por escapar de tu propio descubridor.

Ilustración de un manager firmando un contrato abusivo en un despacho oscuro, estilo grunge retro

3. NSYNC tuvo que inventarse un nombre falso para que su acrónimo cuadrara

Esta es de esas curiosidades que parecen mentira pero están confirmadas por los propios miembros. El nombre NSYNC nació porque la madre de Justin Timberlake, Lynn, comentó lo bien «sincronizados» (in sync) que sonaban los chicos cantando juntos. De ahí surgió la idea de coger la última letra de cada nombre: JustiN, ChriS, JoeY, JasoN y JC, formando N-S-Y-N-C.

El problema llegó cuando Jason Galasso, uno de los miembros originales, fue sustituido por Lance Bass. El nuevo integrante necesitaba, por narices, un nombre que terminara en «N» para que el acrónimo siguiera funcionando. La solución del equipo fue tan ridícula como efectiva: empezaron a llamar a Lance «Lanceton» en privado, solo para poder decir que la «N» venía de ahí. Fue el propio Joey Fatone quien destapó el secreto años después, en pleno programa de televisión. Una banda multimillonaria sostenida, en parte, por un apodo inventado para que las cuentas del logo cuadraran.

4. El nombre de los Backstreet Boys viene de un mercadillo de Orlando (y ni ellos se ponen de acuerdo en si es verdad)

Aquí sentidoradio.com te contaría que el nombre «suena a calle, a barrio, a autenticidad». La versión oficial es bastante más prosaica: Lou Pearlman habría tomado el nombre del «Backstreet Market», un mercadillo al aire libre cerca de International Drive, en Orlando, que además funcionaba como punto de encuentro para adolescentes de la zona.

Lo curioso es que ni los propios miembros del grupo se creen del todo la historia. Nick Carter ha dicho públicamente que sospecha que la anécdota del mercadillo es una leyenda inventada a posteriori, y que en realidad el equipo de management simplemente pensó que «Backstreet» sonaba bien. Mientras tanto, Kevin, AJ, Howie y Brian sostienen que el mercadillo existió de verdad. Ni el propio grupo se pone de acuerdo sobre el origen de su nombre: así de improvisada nace a veces una marca de varios cientos de millones de dólares.

5. «I Want It That Way» es uno de los himnos pop más grandes de la historia… y sus autores admiten que la letra no tiene mucho sentido

Vamos a la parte de producción, que es donde más se nota la maquinaria detrás de estos grupos. «I Want It That Way», el mayor éxito de los Backstreet Boys, fue escrita por el productor sueco Max Martin junto a Andreas Carlsson, y producida por Martin y Kristian Lundin. En 1999, el inglés de Max Martin todavía era limitado, y su método de trabajo, que él mismo bautizó como «matemática melódica», consistía en priorizar cómo sonaban las palabras sobre lo que realmente significaban.

El resultado es una de las letras más incoherentes del pop moderno: frases como «you are my fire, the one desire… but we are two worlds apart» que, analizadas con calma, se contradicen entre sí sin ningún pudor. Lo más llamativo es que los propios Backstreet Boys se dieron cuenta del problema e intentaron negociar una reescritura de la letra antes de grabarla. Max Martin y Carlsson se negaron, el grupo cedió, y la canción incoherente se convirtió en uno de los mayores himnos del pop de todos los tiempos, con más de mil millones de reproducciones en Spotify. A veces el sinsentido vende más que la lógica.

Por si fuera poco, el característico riff de guitarra acústica que abre la canción y se repite en las estrofas se compuso al final de las sesiones de grabación y, según el propio Carlsson, estuvo inspirado directamente en «Nothing Else Matters» de Metallica. Sí: uno de los temas más «boy band» de la historia tiene una vena de inspiración heavy metal escondida en su ADN.

6. Take That nació de un anuncio de casting, y Robbie Williams fue el más joven en presentarse

Al otro lado del Atlántico, la fórmula del casting también funcionó. Take That se formó en Manchester en 1990 por el mánager Nigel Martin-Smith, que decidió construir el grupo alrededor de las capacidades musicales de Gary Barlow y organizó audiciones para encontrar chicos jóvenes con habilidades de canto y baile en Manchester y otras ciudades cercanas.

Robbie Williams tenía solo 16 años cuando se presentó al casting, convirtiéndose en el miembro más joven del grupo. Fue su madre quien vio el anuncio buscando integrantes para una nueva boy band y le animó a presentarse. Curiosamente, conoció a su futuro compañero Mark Owen el mismo día de la audición.

La historia posterior ya la conoces a grandes rasgos: Williams abandonó el grupo en 1995, descontento porque sus ideas musicales no eran tomadas en serio, y esa decisión le costó contractualmente 1,5 millones de libras. Se convirtió después en uno de los solistas más vendedores de la historia del pop británico, superando incluso a Gary Barlow en popularidad, antes de que ambos hicieran las paces y Williams se reincorporara a Take That en 2010 para un álbum que se convirtió en el segundo de mayor venta más rápida en la historia de las listas británicas.

7. New Kids on the Block iban a ser la versión blanca de New Edition, sin ningún disimulo

Esta curiosidad rara vez se cuenta con la crudeza con la que ocurrió realmente. El productor Maurice Starr había sido despedido de New Edition por malversación de fondos. En lugar de desaparecer, decidió crear un grupo que replicara la fórmula exacta que le habían arrebatado, pero con un cambio deliberado: chicos blancos. Starr llegó a declarar sin ningún tapujo: «Sinceramente creo que si New Edition hubiera sido blanco, habría sido veinte veces más grande».

El proceso de formación fue tan improvisado como revelador del funcionamiento real de estas máquinas de fabricar ídolos. Donnie Wahlberg, de 15 años, impresionó a Starr con sus habilidades para el rap y se convirtió en el primer miembro. Al principio se unió su hermano menor, Mark, que abandonó a los pocos meses. Donnie reclutó entonces a sus amigos del colegio, Jamie Kelly, Jordan Knight y Danny Wood; Knight fue seguido al grupo por su hermano mayor Jonathan, mientras que Kelly abandonó pronto. Cuando buscaban un sustituto con un perfil vocal al estilo Michael Jackson, ficharon a un chaval de solo 12 años, Joey McIntyre, que al principio tuvo serias dificultades para encajar con el resto del grupo.

El grupo terminó vendiendo más de 80 millones de discos en todo el mundo. Una fórmula pensada literalmente como sustituto racial de otra banda acabó convirtiéndose en una de las boy bands más vendedoras de la historia.

Chico adolescente cantando en una audición de talent show frente a jueces en silueta, estilo grunge retro

8. One Direction no debía existir: los cinco fueron rechazados como solistas y «reciclados» en grupo

Puede que esta sea la curiosidad más conocida, pero pocas veces se cuenta con el detalle real. Harry Styles, Zayn Malik, Liam Payne, Niall Horan y Louis Tomlinson se presentaron al X Factor británico de 2010 como solistas independientes, cada uno por su cuenta, sin conocerse entre sí. Ninguno pasó el corte individual.

En lugar de eliminarlos definitivamente en la fase de «bootcamp», los jueces (Simon Cowell, Nicole Scherzinger y Louis Walsh) decidieron hacer algo que hasta entonces no era tan habitual en el formato: juntarlos a los cinco en un grupo improvisado. Según relató Cowell después, cuando los cinco chicos salieron al escenario, tardó literalmente 15 minutos en decidir si el grupo se quedaba con cuatro o con cinco integrantes. Ese margen de indecisión de un cuarto de hora terminó definiendo a una de las bandas más rentables del pop del siglo XXI.

Por cierto, ni siquiera ganaron el concurso: quedaron terceros, por detrás de Matt Cardle y Rebecca Ferguson. Aun así, Cowell los fichó para su sello Syco Records con un contrato que se estimó en 2 millones de libras. La ironía definitiva: la boy band más exitosa de su generación nació oficialmente como «premio de consolación» de un talent show que ni siquiera ganaron.

9. Menudo llevaba en sus contratos una fecha de caducidad: cumplir 16 años

Si las anteriores historias te parecen cínicas, esta te va a remover algo más. Menudo, la banda puertorriqueña formada a finales de los 70 por el productor Edgardo Díaz, funcionaba con una lógica de casting permanente: los integrantes entraban siendo niños y, según sus contratos originales, tenían que abandonar el grupo obligatoriamente al cumplir 16 años. La propia hija del expresidente de Puerto Rico, la periodista Patricia Rosselló, se refirió a esta estrategia como la «fórmula de la fuente de la juventud» del grupo.

El control sobre los cuerpos de los menores llegaba a extremos inquietantes documentados en su época: el coreógrafo y cománager José Luis Vega llegó a declarar al Washington Post en 1984 que no querían que los chicos hicieran flexiones ni ejercicio físico «para que no desarrollaran demasiado» su musculatura, con el objetivo de mantener una imagen infantil el mayor tiempo posible.

Por ese «sistema de rotación» pasaron decenas de adolescentes a lo largo de dos décadas, entre ellos un futuro superestrella llamado Ricky Martin. Años después, varios exmiembros denunciaron públicamente abusos físicos y sexuales dentro de la organización, acusaciones que Edgardo Díaz ha negado siempre y por las que nunca fue formalmente acusado en un juicio penal. El documental de HBO Max «Menudo: Forever Young» (2022) recogió varios de estos testimonios. Detrás de las coreografías perfectas y los carteles de pared, había un sistema diseñado para desechar y reemplazar niños en cuanto dejaban de ser comercialmente «niños».

Entonces, ¿por qué seguimos escuchando estas canciones?

Aquí no te vamos a soltar la típica moraleja de sentidoradio.com sobre «la magia de la música que trasciende cualquier controversia». La realidad es más incómoda y más interesante a la vez: las boy bands funcionaron durante décadas como una industria de casting, contratos asimétricos y, en más de un caso, explotación directa hacia menores de edad. Y aun así, canciones como «I Want It That Way» o el repertorio de Take That siguen sonando en cualquier fiesta, casi treinta años después.

Puede que la clave esté justo ahí: que la maquinaria detrás fuera cínica no borra que, dentro de ese cálculo comercial brutal, también hubiera talento real, canciones bien escritas (o mal escritas pero pegadizas) y química de grupo genuina, aunque fuera fabricada en un casting. Si te interesa el lado más turbio de la industria musical, en La Peor Radio ya hemos hablado de otras bandas que se llevaban fatal entre ellas de puertas para adentro: puedes leer 9 bandas que se odiaban a muerte (y aun así hicieron historia juntas) para comprobar que el pop de casting no es el único género con trapos sucios que esconder.

Así que la próxima vez que alguien te diga que las boy bands eran solo «cinco chicos monos bailando», recuérdale lo del Ponzi de Lou Pearlman, la fecha de caducidad de Menudo o el apodo inventado de «Lanceton». La nostalgia es bonita, pero la historia real es mucho más turbia que cualquier videoclip.

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