Los Himnos Nacionales Más Curiosos del Mundo (y sus Historias Reales)

En sentidoradio.com te contarán que el himno de tu equipo suena bonito antes del partido. Aquí en La Peor Radio vamos un poco más allá: te vamos a contar por qué el himno de España no tiene letra oficial (en serio, ninguna), por qué el de Japón dura menos que un anuncio de detergente, y por qué el de Grecia podría durar lo mismo que una película entera si alguien tuviera la mala idea de cantarlo completo. Los himnos nacionales son básicamente la banda sonora obligatoria de cada país, y como toda banda sonora, tienen detrás historias de censura, plagios, encargos a compositores extranjeros y decisiones políticas de las que nadie te habla en la escuela. Vamos a repasar los casos más curiosos, todos verificables, sin inventarnos nada raro porque la realidad ya es suficientemente absurda.

Megáfono vintage y partitura sobre un escenario en estilo grunge retro

España: el único himno «mudo» de Europa (y uno de los pocos del mundo)

Empecemos por casa. La Marcha Real, el himno español, es una rareza mundial: no tiene letra oficial. Nunca la tuvo. Y no es que se haya perdido con el tiempo, es que directamente nació sin ella. La primera referencia documentada aparece en 1761, en un libro de ordenanzas militares de toques de pífanos y tambores, bajo el nombre de «Marcha Granadera». Ahí está la clave: se compuso como música militar para desfiles de las guardias reales durante el reinado de Carlos III, no como una canción pensada para ser cantada.

A lo largo de los siglos, varias figuras lo intentaron arreglar. El general Prim, el rey Alfonso XIII y el general Primo de Rivera promovieron distintas iniciativas para dotarla de letra oficial. Ninguna cuajó. Durante la Segunda República (1931-1939) España sí tuvo un himno con letra: el «Himno de Riego», que se cantaba con entusiasmo hasta que la Guerra Civil lo mandó al cajón y Franco recuperó la Marcha Granadera sin palabras. El intento más reciente y más sonado fue en 2007, cuando el Comité Olímpico Español organizó un concurso público para ponerle letra de cara a los Juegos de Pekín 2008. La propuesta ganadora, obra de Paulino Cubero, duró viva en la opinión pública lo que tarda una polémica en desatarse en redes: unos días. Se retiró casi de inmediato por las críticas.

El dato que más sorprende: España no está sola en este club tan exclusivo. Bosnia y Herzegovina, San Marino y Kosovo también tienen himnos sin letra oficial. Que tu himno no se pueda cantar en karaoke es, oficialmente, algo que comparten cuatro países del mundo.

Japón: el himno más corto y más antiguo del planeta

Mientras en España el problema es que no hay letra, en Japón el problema (si se le puede llamar así) es que hay demasiado poca. El Kimigayo ostenta un doble récord: es el himno nacional más antiguo del mundo en cuanto a su letra, y también el más corto. Con permiso de cualquier estribillo pegadizo que conozcas, aquí hablamos de apenas 32 caracteres en japonés.

La letra procede de un poema waka anónimo del periodo Heian (794-1185), recogido en el «Kokin Wakashū», una antología poética imperial compilada alrededor del año 900. O sea: la letra del himno japonés tiene más de mil años. Originalmente ni siquiera hablaba del emperador de forma directa, sino que era un canto de felicitación que deseaba larga vida a una persona querida.

La música, en cambio, es bastante más «reciente»: se adoptó en 1880, después de que una primera melodía compuesta en 1869 por el británico John William Fenton no convenciera a nadie. El encargado de darle la vuelta y aplicarle una armonía de estilo occidental fue el músico alemán Franz Eckert. Y aquí llega la sorpresa final: aunque todo el mundo llevaba décadas tratándolo como el himno de facto, el Kimigayo no se convirtió en himno oficial de Japón hasta 1999. Casi mil cien años tuvo que esperar ese poema para tener el sello burocrático definitivo.

Rabindranath Tagore: el único hombre que ha escrito dos himnos nacionales

Si hay un caso que resume lo absurdamente entrelazada que está la música con la política, es el del poeta bengalí Rabindranath Tagore. En 1913 se convirtió en el primer autor asiático en ganar el Premio Nobel de Literatura, y también el primer letrista de la historia en lograrlo. Pero su verdadero récord, el que ningún otro ser humano ha igualado, es otro: es la única persona en el mundo que ha escrito y compuesto los himnos nacionales de dos países distintos.

El himno de la India, «Jana Gana Mana», proviene de un poema bengalí de Tagore escrito en 1911 y fue adoptado formalmente en 1950. Pero es que además, el himno de Bangladesh, «Amar Sonar Bangla» («Mi Bengala Dorada»), también es obra suya: son los primeros diez versos de una canción escrita en 1905, durante las protestas contra la partición de Bengala bajo el dominio británico, con música basada en una melodía del músico baul Gagan Harkara. Dos países, dos himnos, un mismo autor. Ningún otro compositor o poeta en la historia puede presumir de algo parecido.

Grecia: 158 estrofas y 55 minutos de himno (si te atreves a cantarlo entero)

Si el himno japonés se resuelve en segundos, el griego directamente da para una siesta completa. El Himno a la Libertad (Ímnos is tin Eleftherían) nace de un poema escrito por Dionisios Solomós en mayo de 1823, en la isla de Zante, publicado un año después. El poema tiene, agárrate, 158 estrofas de cuatro versos cada una, alternando versos octosílabos y heptasílabos. El compositor corfiota Nicolaos Mantzaros le puso música en 1828, pensada para un coro a cuatro voces.

Cuando en 1865 se oficializó como himno nacional de Grecia, alguien con sentido común decidió que cantarlo entero cada vez sería una tortura logística, así que solo se oficializaron las 24 primeras estrofas… y en la práctica, solo las dos primeras son las que realmente se tocan en actos oficiales. Aun así, el poema completo sigue siendo, con diferencia, el himno nacional más largo del mundo: leerlo entero lleva aproximadamente 55 minutos. Como curiosidad extra, la misma música fue adoptada como himno de Chipre en 1966, así que dos países comparten exactamente la misma banda sonora nacional.

Silueta de una cantante de ópera en un escenario iluminado, estilo grunge retro

Uruguay: el himno más largo… pero en duración musical

Si Grecia gana en estrofas, Uruguay se lleva el título en minutos reales de música sonando. El himno uruguayo, con letra de Francisco Acuña de Figueroa y música de Francisco José Debali, tiene 105 compases y dura unos seis minutos cuando se interpreta completo, lo que en algunos rankings lo coloca como el himno nacional más largo del mundo en términos de duración musical (aunque en número de estrofas, Grecia sigue siendo insuperable). Y aquí viene el chisme jugoso: la melodía guarda un parecido más que sospechoso con un fragmento de la ópera «Lucrezia Borgia» de Gaetano Donizetti. No es una coincidencia menor: hablamos de nueve notas idénticas, una cuarta parte de la melodía original italiana. Un himno nacional que suena a ópera italiana porque, en parte, literalmente lo es.

Austria y Alemania: himnos con firma extranjera

Aquí es donde la cosa se pone interesante para cualquiera que crea que un himno nacional tiene que salir necesariamente de un compositor patrio. El himno de Austria usa una melodía atribuida a Wolfgang Amadeus Mozart, basada en una pieza masónica, con letra escrita por Paula von Preradović, lo que lo convierte en el único himno de Europa con letra escrita íntegramente por una mujer.

Alemania, por su parte, utiliza una melodía compuesta originalmente por Joseph Haydn para su Cuarteto de cuerda Opus 76 nº 3, conocido como «Emperador». Haydn era austríaco, no alemán. Así que el himno nacional alemán, tal y como se conoce hoy, tiene una melodía compuesta por un ciudadano de otro país. Dos de las grandes potencias musicales de Europa central usando piezas de compositores que, en la práctica, no eran technically «de casa».

Cinta de grabadora antigua junto a vinilos y una bandera abstracta, estilo grunge retro

Sudán del Sur: un himno elegido a concurso, como quien elige un logo

Mientras España lleva siglos peleándose por encontrarle letra a su himno, hay países que han resuelto el problema con un simple concurso público, como quien convoca un casting. Es el caso de Sudán del Sur, el país más joven del mundo (independiente desde el 9 de julio de 2011). Antes incluso de nacer oficialmente como estado, el Movimiento de Liberación del Pueblo de Sudán organizó en agosto de 2010 un concurso para encontrar el himno que representaría a la futura nación. Se presentaron 49 propuestas.

La composición ganadora, titulada «South Sudan Oyee!» («¡Sudán del Sur, hurra!»), fue obra de estudiantes y profesores de la Universidad de Juba, basada en un texto redactado años antes, en 2005, por el Dr. Benjamin Bol Mel junto a otros colaboradores, cuando ya se intuía que la independencia podía llegar. Es un buen recordatorio de que, mientras algunos himnos cargan con siglos de historia y reescrituras políticas, otros nacen directamente con vocación de estreno: compuestos a propósito, con fecha de nacimiento oficial, para una nación que todavía no existía en los mapas.

Cuando el himno se convierte en arma política: los casos de Argentina y Nicaragua

No todos los cambios de himno tienen que ver con encargos musicales. Muchos son puramente políticos. En Argentina, el himno nacional original tenía diez estrofas y duraba unos veinte minutos, con versos que llamaban «tiranos» y «crueles» a los realistas españoles. En 1900, bajo la presidencia de Julio Argentino Roca, se emitió un decreto para «producir alteraciones» en el texto, recortando las referencias más hostiles hacia la corona española, en parte por presiones diplomáticas. El resultado: un himno que pasó de veinte minutos a apenas tres minutos y medio.

Nicaragua se lleva la palma en inestabilidad himnística: su himno nacional ha cambiado de letra hasta cinco veces, empujado por los vaivenes políticos del país a lo largo del siglo XX, incluyendo un decreto de 1918 bajo la presidencia del general Emiliano Chamorro Vargas. Y el caso de Sudáfrica es quizá el ejemplo más conocido de himno como símbolo de cambio de época: tras la caída del apartheid, el país adoptó un himno que combina fragmentos en xhosa, zulú, sesotho, afrikáans e inglés, fusionando literalmente el himno del régimen anterior con un canto de resistencia. Pocas veces una partitura ha tenido que cargar con tanta historia reciente en menos de cinco minutos.

Estonia y Finlandia: el mismo himno, la misma radio, dos países distintos

Y ya que hablamos de radio, este caso es de los que más encajan con el espíritu de esta web. El himno de Estonia, «Mu isamaa, mu õnn ja rõõm», y el himno de Finlandia, «Maamme», comparten exactamente la misma melodía, compuesta en 1848 por el músico alemán afincado en Finlandia Fredrik Pacius. La letra estonia es obra de Johann Voldemar Jannsen, y la finlandesa, de Johan Ludvig Runeberg, escrita originalmente en sueco. Las únicas diferencias reales entre ambas versiones son la tonalidad y que la letra finlandesa repite las últimas cuatro líneas de cada estrofa.

Pero la parte realmente increíble de esta historia es lo que pasó durante la ocupación soviética de Estonia, cuando cantar el himno estonio era, directamente, ilegal. Durante décadas, los estonios encontraron una manera de seguir escuchando su himno prohibido gracias a la radiodifusión: la radio pública finlandesa, Yleisradio, emitía cada noche una versión instrumental de su propio himno nacional, que al ser musicalmente idéntica a la melodía estonia, permitía a toda una población sintonizar la señal desde el otro lado del golfo de Finlandia para escuchar, en la práctica, su himno prohibido disfrazado de himno ajeno. Una emisora de radio, sin saberlo o sabiéndolo perfectamente, se convirtió durante años en la única vía legal para que un pueblo entero mantuviera viva su identidad musical bajo censura. Si eso no es una historia de radio con mayúsculas, que baje sentidoradio.com y lo explique.

Por qué esto nos importa en una web de música (y no solo de banderas)

Todo esto tiene un denominador común que en La Peor Radio nos interesa especialmente: los himnos nacionales son, ante todo, piezas musicales con autores, arreglos, plagios y reescrituras, exactamente igual que cualquier canción que suene en la radio. Si te ha picado la curiosidad por este tipo de historias de la música que casi nadie cuenta, tenemos también un repaso a fondo de el origen real del reguetón, la historia que muchos prefieren ignorar, con el mismo espíritu de ir a las fuentes y no quedarnos con la versión oficial de manual escolar.

Así que la próxima vez que te pongas en pie para un himno nacional, ya sabes: puede que estés cantando un poema de mil años de antigüedad, una melodía robada a una ópera italiana, o directamente nada, porque a lo mejor tu país es de los que decidió que las palabras sobraban.

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